Cuando la CEO Catalina Girald lanzó la empresa de lencería respetuosa con el medioambiente llamada Naja, en 2014, lo hizo teniendo en mente la misión de empoderar no solo a la mujer que lleva sus productos, sino también a las mujeres que los confeccionan.

En ese momento, dice, la industria de la lencería estaba dominada por Victoria’s Secret.

«Los elementos visuales estaban dirigidos a complacer la mirada masculina», explica Girald. «No quería que mis hijas crecieran pensando que su valía estaba ligada a cómo las viera un hombre, y no me parece que estos elementos visuales fomentaran la autoestima en las mujeres. Por tanto, nos convertimos en una de las primeras marcas en cambiar la manera de comercializar la ropa interior de mujer. Me gustaría pensar que hemos sido parte del inspirador movimiento de retratar a mujeres reales».

Girald, una antigua abogada corporativa con un MBA por la universidad de Stanford, rápidamente se asoció con Gina Rodríguez, actriz ganadora de un Globo de Oro, quien se convirtió en cofundadora de Naja después de que ambas conectaran gracias a su pasión por el empoderamiento de la mujer, la aceptación del cuerpo y la necesidad de crear nuevas oportunidades para las mujeres desfavorecidas.

Una colaboración que empodera

Juntas, la pareja decidió crear una empresa cuya misión era revolucionar la manera de comprar lencería de las mujeres y mejorar la vida de las mujeres en el lugar de trabajo. En su fábrica de ropa de Colombia, Naja principalmente emplea madres solteras y mujeres que son cabeza de familia. Además, paga salarios por encima del mercado y ofrece prestaciones sanitarias.

«Decidimos ayudar a las madres solteras porque muchas tienen que elegir entre trabajar y cuidar de sus hijos», dice Girald. «En Naja, hemos implementado políticas de horarios flexibles que facilitan a las mujeres el equilibrar trabajo y cuidado de los hijos». 

Todos los niños de las trabajadoras de Naja reciben también libros, material escolar y uniformes, además de tener todas sus comidas escolares pagadas. Aunque las escuelas públicas son gratuitas en Colombia, Girald destaca que el resto de los gastos no lo son. «Estoy convencida de que la educación es la manera de salir de la pobreza», afirma. «Quería asegurarme de que nuestras trabajadoras no tuvieran problemas para pagar las necesidades educativas básicas de sus hijos».

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Gina Rodríguez ve la misión desde un punto de vista muy personal.

«Durante mi primer año de grabación de Jane the Virgin, mi compañera de universidad y su hijo de cuatro años se mudaron a mi pequeño apartamento de una habitación», recuerda Rodríguez. «Conocí de primera mano lo difícil que era ser una madre soltera. Cuando descubrí que Naja contrataba a madres solteras y les daba la oportunidad de mantener a su familia trabajando desde casa, pregunté cómo podía implicarme en la causa».

Diseñada para ayudar a la mujer

Mediante su programa Underwear for Hope (ropa interior para la esperanza), la empresa capacita y contrata a mujeres en riesgo en los barrios marginales de Medellín (Colombia) para producir las bolsas de lencería que están disponibles con cada compra. El programa permite que las mujeres marginadas, a las que de otro modo les resultaría muy difícil encontrar empleo, cosan desde casa, proporcionándoles la oportunidad de convertirse en microemprendedoras. Naja también dona el 2 % de sus ingresos a causas benéficas locales que proporcionan apoyo y formación permanente a estas mujeres. (Y el 70 % del proceso de su iniciativa Masks 4 good [mascarillas para el bien] ahora ayuda a la organización benéfica de rescate Soi Dog).

«Asociarme con Naja fue algo lógico para mí», dice Rodríguez. «Sus productos de lencería no solo son hermosos y están bien hechos, sino que además la fundación y la misión de la empresa coincide perfectamente con lo que siento en mi corazón. Fomentando el respeto al propio cuerpo, cambiando las normas de la sociedad en cuanto a la belleza y empoderando a las madres solteras, Naja será revolucionaria en el mundo de la moda».

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O, como dice Rodríguez, «Naja nos hace sentir tan hermosas por dentro como por fuera».

Eso comienza con un marketing que empodera a las mujeres en lugar de cosificarlas. Naja utiliza mujeres reales en sus campañas, sin Photoshop. Y, a menudo, utiliza a sus clientas como modelos, animándolas a que cuenten su historia en las redes sociales. 

«Pusimos fin al falso viento que hace volar el pelo de las modelos y a las poses destinadas únicamente a la mirada del hombre, y nos propusimos conectar con la mujer inteligente, valiente y sexy de hoy en día», dice Girald.

Una conexión global

Los diseños de Naja también están inspirados en parte en los numerosos viajes de Girald alrededor del mundo. «En el arte, la cultura o la comida de un país.», afirma. «Con frecuencia, también están influenciadas por la artesanía hecha por mujeres de un país particular. Por ejemplo, conviví con nómadas de Kazajistán y Mongolia. Y fue toda una inspiración ver lo fuertes que eran las mujeres de las tribus de todas partes del mundo».

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Con una meticulosa atención por el detalle, a los productos de Naja se les conoce por el tipo de elementos de diseño y maestría que se encuentran más comúnmente en prendas de lencería de lujo mucho más caras, desde copas de espuma transpirable con memoria y algodón peruano recolectado a mano, hasta estampados interiores elegantes e inesperados.

Y la conexión global también es indicativa de la visión de sostenibilidad de la marca. Bautizado así por Rodríguez, el popular bralette Gina, por ejemplo, está diseñado con una silueta atemporal a la que se le añaden modernos recortes con aplicaciones de encaje y detalles de malla. Pero lo que es todavía más impresionante es que el look está confeccionado a partir de nailon reciclado hecho con retales sobrantes de la fábrica y redes de pesca recicladas.

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«Fuimos una de las primeras empresas en utilizar PET y nailon reciclados», dice Girald. Naja, que apareció en Shark Tank en sus comienzos, también utiliza tecnologías de estampación digitales y por sublimación respetuosas con el medioambiente para imprimir sus tejidos. «Cada año se usan miles de millones de litros de agua para teñir los tejidos para la industria textil», dice Girald. «Con la impresión digital, nuestro consumo de agua es prácticamente cero».

En cada una de sus colecciones, Naja se esfuerza por incluir tejidos hechos con botellas de plástico recicladas, incluso las bolsas están hechas de almidón de maíz compostable. Y la empresa ahora está investigando tejidos con biopolímeros que permitirán que la lencería también llegue a ser compostable algún día.

Para Girald, el futuro de la marca socialmente responsable se encuentra en la intersección de sostenibilidad, ciencia de los materiales y moda. Y como emprendedora que es, se siente muy emocionada por lo que está por venir.

«Si no es para cambiar las cosas radicalmente,» dice Girald, «no me interesa».

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